Duomo di Monreale

Catedral de Monreale

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En 1172,  el último rey normando, Guillermo II, llamado “El Bueno”, decidió edificar sobre un promontorio del monte Caputo una abadía que confió a los monjes de la Orden de San Benito. Toda la abadía fue dedicada a la Madre de Dios y se le dio el nombre es Santa María Nueva.
La construcción más importante de la abadía es la iglesia. Admirable ejemplo de arte bizantino-normando o sículo-normando.
En su construcción trabajaron maestranzas sicilianas, ya expertas en el arte del mosaico, junto con artistas procedentes de Constantinopla. También hicieron su aportación los monjes benedictinos que, apenas cuatro años después de la puesta de la primera piedra, vivían en la abadía. 

La fachada principal de la Basílica está formada por dos poderosas torres que amparan el pórtico de estilo dórico toscano. Este pórtico, que sustituye al del siglo XVI, se mandó construir debido al derrumbamiento del original.
El mosaico ocupa una superficie de 6400 m2 y está formado con pastas vítreas de colores y de oro. En la nave mayor las paredes narran las historias del Génesis; en el transepto y en las naves menores, las de los Evangelios; y el ábside central hace una clara referencia al libro del Apocalipsis. Los ábsides menores (diaconicón y prótesis) están ocupados por las historias de los apóstoles Pedro y Pablo.
Se han realizado dos intervenciones importantes en la catedral. La primera en 1658 cuando, en cumplimiento con lo dispuesto en el Concilio de Trento, se derribaron los “muros” que separaban las naves del santuario donde estaba el coro monástico. En esta fase se derribó el grandioso ambón.

La segunda intervención fue en 1811, tras un incendio que devastó especialmente el transepto. Gracias una campaña de restauración realizada entre 1812 y 1858, se reconstruyó a la Basílica, que fue completamente restaurada en todas sus partes, tal y como la podemos ver hoy.
En el transepto sur, los sepulcros de los soberanos normandos, Guillermo I, llamado “el Malo” y Guillermo II, llamado “el Bueno”. En la parte septentrional, los de la reina Margarita de Navarra, esposa del rey Malo y los dos sepulcros de Enrique y Roger, sus hijos fallecidos cuando eran muy jóvenes.
En la catedral se pueden admirar obras de gran valor artístico y religioso. La puerta mayor, obra de Bonanno Pisano de 1186, la puerta más grande de bronce de toda la Edad Media. El altar mayor, completamente de plata, narra la vida de la Virgen, obra romana de Luigi Valadier. Recientemente ha vuelto a la catedral el precioso icono, procedente de Constantinopla, de la Madre de Dios Odighitria del siglo XII.

En el transepto norte se puede observar el único pavimento de la misma época de la fundación, espesas placas de mármol que tienen preciosas taraceas de mosaico con teselas de mármol y pastas vítreas. En algunas zonas también hay teselas de oro. Desde esta zona se puede acceder a la Capilla barroca que fue mandada construir por el arzobispo español Roano en 1690, ejemplo admirable de arte con mármoles breccia.
Los enseres y cortinajes sacros que se usaban en la catedral se pueden admirar en el Museo Diocesano, al que se accede desde el transepto derecho. 
Visitando las terrazas de la catedral se puede apreciar la grandeza de toda la abadía, última obra de la magnífica edad normanda.

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